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Por Valentina Lagos , 25 de septiembre de 2025 | 15:48

El Lupino ¿Sirve para recuperar mi suelo?

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Originario del Mediterráneo y de los Andes, esta leguminosa se consolidó en La Araucanía, pero su potencial va más allá de esa frontera regional. Hoy en Reporte Agrícola revisamos su historia, especies presentes en Chile y una guía para sembrarlo con éxito.

El lupino agrupa cientos de especies de leguminosas. En Chile se cultivan comercialmente el lupino blanco (Lupinus albus), el australiano o de hoja angosta (Lupinus angustifolius) y el amarillo (Lupinus luteus). Todas existieron primero en formas “amargas” y, gracias al mejoramiento genético, hoy existen variedades “dulces” las cuales son aptas para alimentación humana y animal. La región de La Araucanía concentra la mayor parte de superficie cultivada. Sin embargo, su cultivo se puede adaptar a otras condiciones climáticas siempre que el manejo del suelo y el drenaje acompañen.

Nutricionalmente, el grano de esta legumbre destaca por su alto contenido proteico, ya que aporta aminoácidos esenciales y antioxidantes como luteína, zeaxantina y betacaroteno. Por eso, se ha ganado un espacio en las dietas de personas con diabetes o celíacos, y es un buen aliado para vegetarianos y veganos. Agronómicamente, fija nitrógeno y puede contribuir a mejorar la estructura del suelo y la disponibilidad de nutrientes, lo que lo vuelve un gran compañero en rotaciones con cereales en predios de suelos ácidos o de baja fertilidad.

¿Para qué tipo de suelo es apto? Guía rápida para sembrar lupino. 

Está Fabaceae prefiere climas de invierno húmedo y verano seco, con buena tolerancia a heladas según especie, y sufre en condiciones de inundación. Los mejores resultados se logran en suelos ácidos, ligeros y bien drenados, ahí es donde aprovecha al máximo su capacidad de fijar nitrógeno y, en ciertas especies, de movilizar fósforo. El lupino amarillo y el australiano, se desempeñan muy bien en suelos muy ácidos y de baja fertilidad, el blanco puede comportarse mejor cuando el pH no es tan bajo y el fósforo es más limitante. Como regla práctica, es mejor elegir la especie y la variedad en función del pH y la textura del suelo, y del objetivo productivo (grano para harina o forraje para ganado).

Para cultivarlo,  es recomendable su siembra de otoño a inicios de invierno, aprovechando las lluvias para un establecimiento fuerte y un cierre de ciclo en primavera–verano. Por otro lado, en aquellas zonas más secas del país, el cultivo igualmente puede funcionar con manejo de riego, la elección de especie correcta y evitando suelos pesados, la clave es no sacrificar el drenaje ni tolerancia a estrés hídrico.

Esta leguminosa no solo se cultiva en la región de La Araucanía,  si bien ahí está su mayor producción, su biología y aporte al suelo nos permite ampliar su lugar de cultivo y pensar en más regiones cuando el terreno, el drenaje y el manejo es apto. Una elección acertada y buenas prácticas de siembra, permite que el lupino pueda transformarse en una buena alternativa para cultivar  en nuestro predio y, de paso, convertirse en un aliado para suelos que necesitan recuperarse.


 

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