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Por Dominique Barra , 22 de enero de 2026 | 16:18

¿Sabías que la uva puede cambiar de color con el sol?

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Este proceso natural ocurre en verano cuando la clorofila desaparece y dan paso las antocianinas en uvas tintas y carotenoides en blancas, marcando el inicio de la maduración y la cuenta regresiva hacia la vendimia.

Existe un momento mágico en los viñedos cuando las uvas transforman completamente su apariencia gracias a la acción del sol. Este fenómeno se conoce como envero, y representa uno de los espectáculos visuales más impresionantes de la viticultura.

El envero es el proceso natural durante el cual las uvas cambian de color, pasando del verde intenso inicial a las tonalidades características de cada variedad. En las uvas tintas, los racimos adquieren colores que van del rojo al morado, azul o negro, mientras que en las uvas blancas evolucionan hacia tonos amarillos, pajizos y dorados.

Este cambio no es solo estético. Durante el envero, la uva deja de crecer y comienza su fase de maduración, concentrando todos sus recursos en desarrollar el fruto. El proceso se debe a la pérdida de clorofila —el pigmento responsable del color verde— y la aparición de nuevos compuestos: las antocianinas en uvas tintas y los carotenoides en uvas blancas.

La exposición solar y la temperatura son factores clave en este proceso. Dependiendo del nivel de sol que reciben los racimos y las condiciones climáticas, el envero se producirá antes o después, pudiendo afectar también la regularidad en el color de las bayas. Por eso, en algunas regiones los viticultores realizan un deshojado selectivo, retirando hojas para mejorar la ventilación y la exposición al sol de los racimos.

El envero no ocurre de manera uniforme. Cada grano individual tarda aproximadamente tres días en completar su cambio de color, pero en conjunto, el proceso puede extenderse entre dos y tres semanas en todo el viñedo. Esto crea un paisaje multicolor donde conviven diferentes tonalidades en un mismo racimo.

Durante esta fase, la uva experimenta transformaciones profundas en su interior. Los azúcares comienzan a acumularse, la acidez disminuye progresivamente, la piel se vuelve más fina y elástica, y empiezan a formarse los aromas característicos de cada variedad. También aparece la pruina, ese delicado polvillo blanquecino que recubre la uva y que contiene las levaduras naturales que posteriormente ayudarán en la fermentación.

Este momento marca la cuenta regresiva hacia la vendimia. Los viticultores saben que desde el envero hasta la cosecha transcurrirán aproximadamente 35 a 55 días, dependiendo de la variedad. Por ejemplo, la garnacha tiene un ciclo más lento que otras variedades, mientras que la tempranillo —como su nombre indica— suele ser de las primeras en completar el envero a finales de julio.

Aunque hoy se utilizan métodos científicos como el refractómetro para medir la concentración de azúcares y determinar el momento óptimo de vendimia, los viticultores tradicionales probaban las uvas desde el envero, valorando cómo descendía progresivamente la acidez en el sabor.

El envero ocurre típicamente entre julio y agosto en el hemisferio norte, coincidiendo con los días más largos y la mayor intensidad solar del verano. Es un momento ideal para visitar los viñedos y observar cómo la naturaleza pinta de colores los campos que semanas antes lucían completamente verdes.

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