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Por Fabián Prieto , 6 de febrero de 2026 | 09:59

El impacto del calor en la fotosíntesis y el desarrollo de la fruta

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El verano trae altas temperaturas y fuerte radiación solar, por lo que proteger los cultivos es clave para mantener su calidad. En Chile, las mallas y coberturas plásticas son aliadas esenciales para resguardar los huertos del calor y otros efectos del clima.

Las altas temperaturas que se registran cada verano en la zona central de Chile están afectando de manera directa los procesos fisiológicos de los frutales, especialmente en especies como manzanos y cerezos, adaptadas tradicionalmente a climas templados. El aumento de la temperatura del aire, junto con la baja humedad relativa y una radiación solar cada vez más intensa, modifican el equilibrio interno de las plantas y repercuten en su capacidad de fotosíntesis, crecimiento y calidad de fruta.

Altas temperaturas y fotosíntesis limitada

Durante el verano, los días con temperaturas excesivas pueden reducir la fotosíntesis, proceso esencial para la producción de energía en la planta. Cuando el termómetro supera los rangos óptimos, los frutales desvían parte de los carbohidratos que normalmente destinan al crecimiento hacia la mantención de sus sistemas defensivos, con el fin de soportar el estrés térmico.

Por las noches, cuando las temperaturas permanecen elevadas, aumenta la actividad respiratoria y se reduce la fijación de dióxido de carbono (CO₂), lo que significa una pérdida neta de energía para la planta. Esta situación limita la formación de reservas y puede afectar el tamaño y color del fruto en desarrollo.

Estrés térmico y defensas naturales

Frente al calor extremo, los frutales activan mecanismos de defensa que incluyen la producción de pigmentos protectores, compuestos antioxidantes y enzimas de golpe térmico, que ayudan a estabilizar las proteínas celulares y filtrar la radiación ultravioleta. Sin embargo, cuando el estrés térmico es prolongado, estos sistemas se saturan, provocando daños visibles en la piel de la fruta, como manchas o quemaduras conocidas como daño por sol.

El fenómeno es especialmente problemático en manzanas de cosecha tardía, que permanecen expuestas a condiciones de alta radiación durante más tiempo. El daño ocurre porque, a medida que el fruto crece, su relación superficie/volumen disminuye y pierde capacidad para disipar el exceso de energía solar.

Efectos en la maduración y calidad

El calor también tiene un fuerte impacto sobre la maduración del fruto. En manzanos, las temperaturas altas durante la etapa de división celular —fase inicial del crecimiento— pueden acortar el período de desarrollo y acelerar la maduración, reduciendo el potencial de guarda y la intensidad del color.
Por el contrario, una primavera fría prolonga el crecimiento y mejora la capacidad de conservación, aunque puede comprometer el tamaño final del fruto.

En cerezos, la temperatura elevada en la fase final, tras el endurecimiento del carozo, acelera la maduración y puede disminuir la firmeza y el color de la fruta, afectando su calidad de exportación.

Prácticas para mitigar el estrés térmico

El manejo del huerto es clave para reducir los efectos del calor. Entre las estrategias más efectivas destacan:

  • Mantener una adecuada hidratación del árbol, ya que el déficit de riego aumenta la incidencia de daño por sol.
     
  • Evitar cargas frutales excesivas o copas demasiado abiertas, que exponen los frutos directamente a la radiación.
     
  • Cuidar la sanidad del huerto, ya que plagas o enfermedades compiten por los recursos que la planta destina a la fotosíntesis.
     
  • Implementar tecnologías de enfriamiento evaporativo, mallas sombra o protectores solares agrícolas, especialmente en zonas con altas temperaturas sostenidas.
     
  • Diseñar el huerto con hileras que reduzcan la exposición poniente y manejar la copa de manera que los frutos no queden repentinamente expuestos al sol.

Un desafío de adaptación

El aumento de la temperatura media y la ocurrencia de eventos extremos están forzando a replantear las prácticas frutícolas en Chile. Adaptar los cultivos, rediseñar los sistemas de riego y ajustar los manejos de canopia serán pasos esenciales para mantener la competitividad del sector frente a veranos cada vez más cálidos y prolongados.

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