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Por Valentina Lagos , 6 de marzo de 2026 | 14:23¿Cómo actúa la biofortificación en la agricultura? La evolución hacia las "súper cosechas"
La demanda de alimentos más nutritivos impulsa nuevas prácticas en el sector agrícola. La ciencia actual permite enriquecer los cultivos desde la semilla, sumando valor nutricional sin sacrificar la productividad de la tierra.
A medida que los consumidores se vuelven cada vez más conscientes del vínculo entre la dieta y la salud, existe una creciente demanda de productos alimenticios que no solo satisfagan el hambre, sino que también contribuyan al bienestar general. Para responder a este interés del mercado, la agricultura cuenta con una herramienta específica llamada biofortificación.
La biofortificación es el proceso por el cual se aumenta la densidad de micronutrientes esenciales , como lo son el hierro, el zinc y la vitamina A, directamente en cultivos como el arroz, el poroto y el maíz.
Lo que hace que esta técnica sea atractiva para el sector agrícola es su eficiencia, ya que logra aumentar el valor nutricional desde el inicio de la cadena productiva sin sacrificar las características propias del cultivo, manteniendo el rendimiento por hectárea, la resistencia y la viabilidad económica.
La ciencia detrás del cultivo:
Para lograr que una planta acumule más nutrientes de manera natural o inducida, la agronomía se apoya en tres metodologías principales:
- Fitomejoramiento Convencional: Es el cruce selectivo y tradicional de distintas variedades de plantas para identificar y propagar aquellas que presentan una mayor acumulación de nutrientes de forma natural.
- Biofortificación Agronómica: Consiste en la aplicación de fertilizantes enriqucidos con micronutrientes, ya sea directamente al suelo o de forma foliar (en las hojas), para que la planta los absorba durante su desarrollo.
- Ingeniería Genética: Un enfoque que recurre a la modificación genética moderna para mejorar la síntesis y acumulación de nutrientes específicos dentro de la estructura de la planta.
Esta innovación agrícola acompaña un contexto regional donde la seguridad alimentaria muestra avances, aunque persisten nuevos desafíos nutricionales.
Según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025, publicado por la FAO, el FIDA, la OPS, UNICEF y WFP, la subalimentación en América Latina y el Caribe disminuyó por cuarto año consecutivo. En 2024, el problema afectó al 5,1% de la población, lo que representa una baja respecto al máximo del 6,1% alcanzado en 2020. Estas cifras indican que 6,2 millones de personas ya no padecen hambre en la región.
El informe destaca que países como Brasil, Costa Rica, Guyana y Uruguay ya tienen una prevalencia del hambre inferior al 2,5%, mientras que Chile y México se encuentran muy cerca de este umbral. Aunque el hambre extrema cede de manera constante, el documento señala que persisten preocupaciones en torno al alto costo de una dieta saludable y a las elevadas cifras de obesidad.
En este escenario, la biofortificación agrícola se perfila como una herramienta para el futuro del sistema alimentario. Al incorporar nutrientes esenciales directamente en los cultivos, esta práctica permite mejorar la calidad de los alimentos desde su origen, aportando a enfrentar desafíos alimenticios. Así, estas llamadas “súper cosechas” no solo representan un avance científico, sino también una oportunidad para que la agricultura responda a las nuevas demandas de salud, nutrición y seguridad alimentaria de la población.
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