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Por Valentina Lagos , 6 de marzo de 2026 | 10:30Liebres en el campo: Estrategias eficaces para proteger los cultivos
La liebre europea se ha convertido en una plaga silenciosa pero devastadora para la agricultura y la biodiversidad en Chile. En Reporte Agrícola te contamos los métodos más efectivos para mantener a salvo las plantaciones.
Para quienes dedican su vida a trabajar la tierra, pocas cosas son tan frustrantes como ver el esfuerzo de meses devorado en cuestión de días. Las liebres, específicamente la liebre europea (Lepus europaeus), representan hoy uno de los dolores de cabeza en el campo chileno. Introducida a fines del siglo XIX, esta especie exótica invasora ha demostrado una capacidad de adaptación única, expandiéndose desde la zona centro-sur hasta colonizar el altiplano, la región de Magallanes e incluso el desierto de Atacama.
El impacto de este herbívoro es una problemática de dos frentes. A nivel medioambiental, altera ecosistemas frágiles y compite directamente por alimento con especies nativas en peligro de extinción. A nivel económico, su efecto es destructivo, ya que la liebre es considerada una plaga emergente que arrasa con cultivos de forraje, hortalizas, cereales y dañando la corteza de los árboles jóvenes.
Ante la necesidad de alejar a estos animales, los productores suelen recurrir inicialmente a métodos disuasivos. La sabiduría popular recomienda rodear los huertos con plantas de aromas fuertes que resultan desagradables para los conejos, como la lavanda, la ruda, el romero, la salvia o el ajo. También existen diversas recetas de repelentes caseros, como esparcir ceniza, aplicar huevo batido con agua, o rociar el follaje con mezclas picantes de ajo machacado, pimienta y ají. Sin embargo, se ha demostrado que estos métodos olfativos y gustativos rara vez son suficientes ante una plaga como esta. Además, suponen un gasto de tiempo constante, ya que pierden su efecto y deben ser reaplicados tras cada lluvia o riego.
Una de las soluciones más efectivas contra los conejos y liebres son las barreras físicas. Para la protección general de un cultivo o huerto, lo ideal es instalar cercas de malla gallinera. El secreto para que esta defensa no falle está en la instalación: la malla debe tener al menos 60 centímetros de altura y, fundamentalmente, debe enterrarse entre 10 y 15 centímetros bajo tierra (o doblarse hacia el exterior formando una "L"). Esto evita que los animales usen sus garras para cavar por debajo del cerco y vulneren el perímetro.
Por otro lado, cuando se trata de proteger árboles recién plantados, existe una alternativa altamente efectiva, donde se debe crear un tubo protector que alcance los 50 centímetros de altura, ya que por encima de esa medida los conejos no alcanzan a comer los brotes tiernos. Una vez que el árbol se establece, engrosa su tronco y endurece su corteza, el plástico ya habrá cumplido su ciclo y el árbol estará a salvo por sus propios medios.
En este escenario, la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para reducir los daños en los cultivos. Si bien los repelentes caseros pueden ofrecer resultados momentáneos, las barreras físicas bien instaladas y la protección de los árboles jóvenes continúan siendo las medidas más confiables para resguardar las plantaciones.
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