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Por Valentina Lagos , 8 de abril de 2026 | 10:37

Fenómeno de El Niño pone en riesgo la fruticultura del centro sur del país

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Especialistas advierten impactos en la producción de cerezas, arándanos y otros frutales, ante un escenario de invierno y primavera con más precipitaciones y temperaturas sobre lo normal en Maule, Ñuble y Biobío.

El fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) genera preocupación en la fruticultura del centro sur de Chile, particularmente en las regiones de Maule, Ñuble y Biobío, donde se proyecta un escenario de invierno y primavera con más precipitaciones y temperaturas sobre lo normal, con potencial impacto en cultivos como cerezas, arándanos y otros frutales.

El fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) debiera traer consigo una temporada invernal más cálida, en especial en lo que respecta a temperaturas mínimas, y un aumento en los montos de precipitaciones de invierno y primavera”, explicó Raúl Orrego, experto en agroclimatología del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Quilamapu.

Si bien este escenario podría favorecer el abastecimiento de agua y reducir el riesgo de heladas, también introduce riesgos relevantes para los huertos frutales, como lluvias en periodos críticos y una menor acumulación de frío invernal, especialmente en zonas con alta concentración de producción frutal de exportación.

Menor acumulación de frío y efectos en la producción

El especialista en frutales de INIA Quilamapu, Cristian Balbontín, advirtió que uno de los principales efectos del ENOS es la alteración en la acumulación de frío invernal. En especies de hoja caduca, este factor es determinante para una adecuada salida de dormancia.

Cuando este requerimiento no se cumple, se produce una dormancia incompleta, lo que se traduce en brotaciones desuniformes, asincronía floral y una reducción en la eficiencia de la polinización”, señaló.

Estas condiciones impactan directamente la cuaja, la carga frutal, el rendimiento y la calidad de la fruta, afectando la competitividad del sector.

Lluvias primaverales y aumento de enfermedades

Durante la primavera, el escenario se complejiza. La combinación de precipitaciones y temperaturas más altas a lo normal favorece el desarrollo de enfermedades fungosas, como Botrytis cinerea y Monilinia spp., que afectan tejidos florales y comprometen el desarrollo del fruto.

A ello se suma el impacto indirecto sobre insectos polinizadores, cuya actividad se ve limitada en condiciones de lluvia, reduciendo aún más la tasa de cuaja”, explicó Balbontín.

En etapas cercanas a la cosecha, las lluvias representan un riesgo crítico, especialmente en el cultivo de cerezas, donde la absorción de agua puede provocar partiduras del fruto, afectando directamente su condición comercial y generando pérdidas económicas en mercados de exportación.

Estrategias para mitigar el impacto climático

Frente a este escenario, los especialistas destacan la necesidad de implementar estrategias de adaptación integradas. Entre ellas, una nutrición equilibrada, con énfasis en calcio, para fortalecer la estructura de los tejidos y mejorar la respuesta al estrés.

Asimismo, el uso de coberturas como macrotúneles ha demostrado ser efectivo para reducir la exposición a lluvias, especialmente en cultivos de alto valor como cereza y frutilla, disminuyendo además la presión de enfermedades.

En el ámbito fisiológico, la investigación ha avanzado en el uso de reguladores hormonales, como ácido abscísico y derivados de jasmonatos, que permiten fortalecer la cutícula del fruto y reducir la susceptibilidad a partiduras, mejorando la condición de postcosecha.

Anticipación y decisiones productivas

En un contexto de alta variabilidad climática, la anticipación se vuelve fundamental para la toma de decisiones en la agricultura.

Hoy no basta con reaccionar (…) es necesario prever los escenarios y ajustar las decisiones productivas en función de condiciones climáticas proyectadas”, indicó el especialista.

En esta línea, el INIA ha fortalecido sus capacidades en evaluación de calidad de frutos y en el desarrollo de herramientas que vinculan variables climáticas con resultados productivos. Destaca el rol del Laboratorio de Calidad de Frutos de INIA Quilamapu, que genera información aplicada para validar tecnologías y estrategias de manejo.

Finalmente, Balbontín subrayó la importancia de avanzar hacia sistemas predictivos que integren clima, nutrición y calidad a cosecha. “Estas herramientas permitirán no solo mitigar riesgos, sino también optimizar decisiones logísticas y de destino de exportación, fortaleciendo la competitividad de la fruticultura chilena en un entorno cada vez más incierto”, concluyó.

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